Ofrezco mis disculpas en el improbable caso que aún le quede algún lector a este blog. Estos primeros dias (mas bien semanas) han sido agitadas y agotadoras. Este post ebulle en mi cabeza hace bastante y sólo he podido irlo hilvanando poquito a poco......
Mucho, muchísimo que contar.
El parto. Una experiencia algo traumática esta vez. Me desperté el dea 16 de junio (40 semanas + 1 dia) a las 3 am con dolores. A las 4 am ya estaba en el hospital, con 3 cm de dilatación. Para hacer el cuento corto, sólo diré 20 horas mas tarde entraba de cabeza a una cesárea de energencia, pues tras mucho pujar, la cabeza de la chama era tan grande que no bajó ni un ápice (en mi humilde opinión, una cosa mas que predecible.....). Así pues, vivi esa pesadilla que temí durante todo el ultimo mes. Gracias a Dios, la niña esta perfecta y no sufrió ni se estresó después de tanto trajín. Viendo el asunto en retrospectiva, mi gran enemigo fué mi propio miedo, que me dominó y me impidió concentrarme en la luz al final del túnel. Mención especial merece la anestesia epidural: El mejor invento que ha dado la ciencia médica!
- La lactancia. A diferencia de cuanto tuve a Francisco, esta niña nació a término. Y para nuestra sorpresa, se pegó del pecho a comer a los 10 minutos de nacida. En ese momento supuse que no tendría problemas para alimentarla. Sin embargo, parece que es una niña demasiado tragona y mi suministro parece no ser suficiente, come y come todo el dia. Vamos ahi complementando aquí y allá con algún teterito, que le permita a ella ganar peso a la velocidad esperada y a mi el poder satisfacer el deseo de poder amamantarla. Estoy bien asesorada y al igual que con su hermano, espero poder darle pecho durante sus 6 primeros meses de vida, aunque sea combinado con teteros. Escribiré otro post a este respecto.....
- El "baby blues". Con mi primer hijo no recuerdo haber sufrido de esto, pero en este postparto, las hormonas me batuquearon contra el piso, contra las paredes y contra cualquier otra cosa que se me atravesara, dejándome en un estado lamentable de profunda tristeza. La razón principal de mi depresión era el no poder pasar tiempo con mi hijo mayor, por lo demandante del régimen de lactancia y los requerimientos de un recién nacido. Para colmo, con la cesárea, no puedo cargarlo ni hacer con el todas las actividades que normalmente hacíamos. Lloré y lloré durante días por extrañar a mi muchachito y al tiempo que pasábamos juntos antes de que naciera su hermanita (aún lloro, calladita y sin que nadie me vea, aunque ya no con tanta freciencia.....). Supongo que todos debemos aceptar que tenemos un nuevo miembro en la familia, quien desde ya se va labrando su propio sitio en nuestros corazones.









